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Vida del Instituto - Colegio Nuestra Señora de Fátima cerca de Lille, Francia.

Desde el colegio Nuestra Señora de Fátima...

Cuando uno llega al apostolado flamenco del Instituto, no se imagina que esa granja, a caballo entre una zona industrial y el campo sea un islote donde Dios es el único patrón y el sembrador. Entrando y viendo a los canónigos, se sospecha que algo se esconde ahí. Y cuando se pasa al Colegio y se ven todas esas cabecitas sonrientes, felices, reflejando un hermoso cielo azul en sus ojos; ya no hay duda.
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El Colegio Nuestra Señora de Fátima pertenece al Instituto, y se aplica la pedagogía de Don Bosco, es decir, San Francisco de Sales a nivel escolar. También se aplican los métodos tradicionales de enseñanza, que permiten a los niños salir con un nivel normal, el que se tenía cuando las Humanidades estaban al honor.
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Para un seminarista, el Colegio es sin duda la parte más importante de este apostolado. Hay que vigilar estudios, exámenes, hacer reemplazos, ocuparse de la secretaría, de la sacristía de la capilla… aparte de jugar con los niños; actividad que no por agradable deja de tomar tiempo y energía. Todo ello ayudando, bien evidentemente, a la comunidad de canónigos del Instituto.
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                La capilla durante la fiesta de la Immaculada

Efectivamente, detrás de toda obra religiosa hay una comunidad organizada sin la cual nada sería posible. El canónigo de Dainville y el canónigo Le Brethon se encargan de que los oficios, las misas, las adoraciones y las confesiones estructuren la vida espiritual del Colegio y de los fieles que aquí acuden.

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                Sábado Santo

¿Qué nos queda cuando nos vamos al final de año? Cualquiera que haya pasado un tiempo aquí no podrá sino hablar de ello con una gran sonrisa. Pero no sólo quedan los buenos recuerdos. El vivir y ver un colegio donde reinan la caridad y la sana doctrina forma al seminarista, y le permitirá reproducirlo más tarde.
Con la gracia de Dios, ¡que dure muchos años!

F. de Martin, diácono, ICRSS.